lunes, 21 de julio de 2014

Se marchó

Se marchó como esas cosas que pasan a menudo, con la frente en alto y sin mirar a los lados, con nudos en la garganta y en el corazón una palanca que le pedía a gritos desaparecer, estando ella detrás de él con el llanto hecho rio, como esas corrientes de agua que no encuentran su cauce y se desbordan sin medir el desastre… se marchó sin pensarlo tanto, sin dar explicaciones, sin ofrecer al menos opciones para quedarse, se marchó tomando una decisión de la cual juro no despegarse, se marchó con un para siempre pintado en la espalda para que ella lo mirara, se marchó haciendo ruidos silenciosos y aunque escuchaba los sollozos de aquella triste chica no reparo en regresar.

 Le dolió mirar hacia atrás por descuido y verla a ella… sin medida su boca hablaba pero ella no podía escucharla, el dolor la cegaba, ¡es tan fuerte despedir a alguien que amabas! Y aunque ella dentro de sí sabía que podía vivir perfectamente sin él, la costumbre de aquel querer le calaba los huesos, su llanto no paraba, era tan intenso el hueco en su pecho… Aquella mirada fría penetraba en su alma como un arma asesina que explota los órganos de los cuerpos pecadores que piden suplicando perdón. Ella quería cambiar todo, estaba dispuesta a seguir con ese cuento del amor verdadero pero muy en el fondo sabía que no volvería, que las mentiras escudriñaban hasta el último rincón de alegría, de felicidad y algarabía.

Ellos… el cuadro perfeccionista de la trágica interrupción del amor soñado, del amor de años, de esos que se prometen para siempre. Ahí yacía ella cuan miserable despedida puede aflorar las viejas heridas y las malas decisiones que trae consigo desilusiones y depresiones, ella que se había obligado a  creer que el amor verdadero solo se vive una vez… y luego tenemos a este sujeto, firme como el concreto, tomando una decisión de esas que marcan para toda la vida, con la convicción en el pensamiento y con el corazón roto a mil pedazos, pasando tragos amargos de esto que comienza a ser realidad, no la quería, no la merecía y así, desalmado se sentía.

Las tragedias amorosas son parte de cuadros indestructibles en la memoria de los baúles de anhelos destrozados, son el suspiro encaprichado de almas heridas, de despedidas dramatizadas por el desasosiego y el dolor que llega como el héroe del amor, cerrando la escena con lluvia de melancolía que refrescaran las almas de los pobres personajes que comienzan a vagar sintiéndose incompletos, tras años de sufrimiento absurdo algo cobra sentido al menos. Dos almas separadas que comienzan sus vidas desde la nada.

Y volverán a amar, se volverán a equivocar, lo volverán a intentar y nunca descansarán, alguno más que otro honrando la herida que le enseñó a crecer, otro más que alguno la abrigará con la marca de otro querer pero ninguno de los dos puede negar que no ocurrió, que no hubo amor, que nada se aprendió, pues dentro, en el fondo, en lo más oscuro, un poquito de su corazón el amor tocó y la magia nació.

Se marchó ignorando todo lo que pasaría, inventándose mentiras para no soñarla, se marchó creyendo que todo desaparecería pero se llevó consigo el amor que lo trajo a los brazos de aquella mujer que en esa noche fría dejó de querer, y ella se quedó queriendo ser la que se marchase, queriendo ser la del coraje, queriendo dejar algo que nunca despidió, ella se quedó en la noche fría y desolada, teniendo de compañía sus lagrimas y su almohada, ella se quedo queriendo marcharse… Se marchó.

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