viernes, 25 de julio de 2014

El viaje

Toda gran búsqueda implica una gran disposición, se decía mientras preparaba la maleta al universo místico del cual no tenía consciencia que se enfrentaría. Empacar nunca había sido tan catártico, era su vida que depositaba en aquella maletilla, seleccionando cada pieza como si fuese un pensamiento, los dolorosos con los que duelen, los hermosos con su par y los libres con los que huyen de la realidad inaceptable que ya no estaba dispuesta a continuar viviendo… y así aceleró el taxi con destino a su nueva vida…

Llega a esa ciudad tan llena de olores y lenguajes extraños. El diccionario no le alcanzaba para pronunciar aquel palabrerío que deseaba decir, aceptar estar sola no es tarea fácil… decir adiós a las viejas acostumbradas costumbres, comenzar de nuevo fue lo que eligió pero no se percató de que tan diferente seria, fue una especie de vacaciones de las cuales se tenía única y exclusivamente de compañía a ella misma y ¡vaya! Que difícil compañera de viajes había escogido. Entre escalas de vuelos y terminales de autobús era como si se montara en cada aspecto de su vida que necesitaba resignificar, era como si cada conexión de vuelo en aquellos aeropuertos le dijesen que se quedase, que leyera entre líneas y que no descansase hasta eso… encontrarse a ella misma. 

 No he de mentir que consiguió a cada cual compañero, no tomaba consciencia que era cada uno de esos personajes, maestros de vida que no deseaba abandonar pero comprendió entre tantos descensos y paradas que lo que hace que sea tan importante una persona en la vida de otra es el dolor de la despedida… Siempre pensando en aquello que le llevo a huir de tanta realidad aturdente, ¡qué tan fácil puede ser perderse entre la gente! Pensaba en aquel tren que pasaba por ese túnel oscuro, "a veces solo hace falta apagar el mundo por un rato y escuchar ese universo que grita estrellas dentro de mi", volvía a pensar, buscando ánimos para poderse reconectar con ella, esa, aquella chica que se le hacía tan misteriosa… ¡ella misma!


Aprender, conocer, sumergirse entre culturas y conciertos callejeros, entre multitudes o entre el simple y profundo mar, puede ser el baño de humildad que desase los presuntuosos adornos del alma.
Quitarse las mascaras y los ropajes puede ser el más fino vestido que puede modelársele a la desnudes.
Conectar no con las palabras sino con el silencio, puede ser la música predilecta de la mente.
Y el amor que combate al miedo de perderse a sí misma, por demostrarse que ella se podía amar sin amar a la otra mitad de su alma depositada en ese hombre que la miraba justo en ese preciso momento, el cual amenazaba con desequilibrar el tan esmerado equilibrio que construyó por todo ese viaje, puede llegar a ser la mejor balanza para el corazón, pues a veces, el perder el equilibrio por amor puede llegar a ser el máximo de todos los equilibrios los cuales conjugan el alma, mente y corazón.
Pero sigue con miedo, con aquellas heridas del pasado, ha aprendido tanto pero a veces aprender no es suficiente, se necesita actuar, sentir y experimentar.


Y aquel hombre anciano que ha cultivado durante ese viaje, que ha sabido escuchar y callar, que la deja atónita frente a cada decisión que pretende tomar, aquella voz masculina pero contenedora, ese sabio interno, el chaman de su alma el cual había ignorado por tantos años en su vida… se reía por la gran tonta acción que estaba a punto de realizar y es ahí, justo en ese momento, parada en el camino que la llevaría a otro lugar, a su hogar, es ahí donde se calla y escucha la risa penosa de aquel hombre y le escucha con tanta atención que las carcajadas entumecían cada musculo e incluso aquel que pensaba que tenia duro, el corazón.


Repasó todos sus viajes, recordó cada ciudad, cada personaje, cada bienvenida, cada despedida,  cada callejuela, recordó incluso aquel amigo suyo que frente al mar teniendo de fondo aquel barco hundido que dejaba ver un poco de sí donde se posaban algunas gaviotas, recordó cuando le dijo “no se puede hacer la vida más larga sino más ancha, es ahí donde se mide la felicidad, en la anchura de la vida”. Y como si se fuese detenido el tiempo supo que ya era feliz, que estaba viva y que su vida ya era lo suficientemente ancha como para compartirla y solo llegó un nombre a la mente… ¡si! Era Julián con quien quería estar y con quien deseaba compartir una tajada de la felicidad que ella había cosechado.



Corrió, lo buscó y por fin lo encontró, cuando con sus manos levantó su rostro una lagrimilla rodó por su mejilla, señas de que había pensado en ella y en aquella despedida. Ella la limpió, lo abrazó y sin más reparo le entrego su corazón en el beso que le siguió, beso que decía “no tengas miedo, nadie puede amarte más de lo que ya te amas a ti” y así encontró su equilibro, sabiendo que el amar no implica perderse en el universo de su amado, pues ella ya había construido una galaxia entera que llevaba su hermoso nombre.

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