Toda gran búsqueda implica una gran disposición, se decía
mientras preparaba la maleta al universo místico del cual no tenía consciencia
que se enfrentaría. Empacar nunca había sido tan catártico, era su vida que
depositaba en aquella maletilla, seleccionando cada pieza como si fuese un
pensamiento, los dolorosos con los que duelen, los hermosos con su par y los
libres con los que huyen de la realidad inaceptable que ya no estaba dispuesta
a continuar viviendo… y así aceleró el taxi con destino a su nueva vida…
Llega
a esa ciudad tan llena de olores y lenguajes extraños. El diccionario no le
alcanzaba para pronunciar aquel palabrerío que deseaba decir, aceptar estar
sola no es tarea fácil… decir adiós a las viejas acostumbradas costumbres,
comenzar de nuevo fue lo que eligió pero no se percató de que tan diferente
seria, fue una especie de vacaciones de las cuales se tenía única y
exclusivamente de compañía a ella misma y ¡vaya! Que difícil compañera de
viajes había escogido. Entre escalas de vuelos y terminales de autobús era como
si se montara en cada aspecto de su vida que necesitaba resignificar, era como
si cada conexión de vuelo en aquellos aeropuertos le dijesen que se quedase,
que leyera entre líneas y que no descansase hasta eso… encontrarse a ella
misma.
No he de mentir que consiguió a cada cual
compañero, no tomaba consciencia que era cada uno de esos personajes, maestros
de vida que no deseaba abandonar pero comprendió entre tantos descensos y
paradas que lo que hace que sea tan importante una persona en la vida de otra
es el dolor de la despedida… Siempre pensando en aquello que le llevo a huir de
tanta realidad aturdente, ¡qué tan fácil puede ser perderse entre la gente!
Pensaba en aquel tren que pasaba por ese túnel oscuro, "a veces solo hace
falta apagar el mundo por un rato y escuchar ese universo que grita estrellas
dentro de mi", volvía a pensar, buscando ánimos para poderse reconectar
con ella, esa, aquella chica que se le hacía tan misteriosa… ¡ella misma!
Aprender, conocer, sumergirse entre culturas y conciertos
callejeros, entre multitudes o entre el simple y profundo mar, puede ser el
baño de humildad que desase los presuntuosos adornos del alma.
Quitarse las mascaras y los ropajes puede ser el más fino
vestido que puede modelársele a la desnudes.
Conectar no con las palabras sino con el silencio, puede
ser la música predilecta de la mente.
Y el amor que combate al miedo de perderse a sí misma,
por demostrarse que ella se podía amar sin amar a la otra mitad de su alma
depositada en ese hombre que la miraba justo en ese preciso momento, el cual
amenazaba con desequilibrar el tan esmerado equilibrio que construyó por todo
ese viaje, puede llegar a ser la mejor balanza para el corazón, pues a veces,
el perder el equilibrio por amor puede llegar a ser el máximo de todos los
equilibrios los cuales conjugan el alma, mente y corazón.
Pero sigue con miedo, con aquellas heridas del pasado, ha
aprendido tanto pero a veces aprender no es suficiente, se necesita actuar,
sentir y experimentar.
Y aquel hombre anciano que ha cultivado durante ese
viaje, que ha sabido escuchar y callar, que la deja atónita frente a cada
decisión que pretende tomar, aquella voz masculina pero contenedora, ese sabio
interno, el chaman de su alma el cual había ignorado por tantos años en su
vida… se reía por la gran tonta acción que estaba a punto de realizar y es ahí,
justo en ese momento, parada en el camino que la llevaría a otro lugar, a su
hogar, es ahí donde se calla y escucha la risa penosa de aquel hombre y le escucha
con tanta atención que las carcajadas entumecían cada musculo e incluso aquel
que pensaba que tenia duro, el corazón.
Repasó todos sus viajes, recordó cada ciudad, cada
personaje, cada bienvenida, cada despedida, cada callejuela, recordó
incluso aquel amigo suyo que frente al mar teniendo de fondo aquel barco
hundido que dejaba ver un poco de sí donde se posaban algunas gaviotas, recordó
cuando le dijo “no se puede hacer la vida más larga sino más ancha, es ahí
donde se mide la felicidad, en la anchura de la vida”. Y como si se fuese
detenido el tiempo supo que ya era feliz, que estaba viva y que su vida ya era
lo suficientemente ancha como para compartirla y solo llegó un nombre a la
mente… ¡si! Era Julián con quien quería estar y con quien deseaba compartir una
tajada de la felicidad que ella había cosechado.
Corrió, lo buscó y por fin lo encontró, cuando con sus
manos levantó su rostro una lagrimilla rodó por su mejilla, señas de que había
pensado en ella y en aquella despedida. Ella la limpió, lo abrazó y sin más
reparo le entrego su corazón en el beso que le siguió, beso que decía “no
tengas miedo, nadie puede amarte más de lo que ya te amas a ti” y así encontró
su equilibro, sabiendo que el amar no implica perderse en el universo de su amado,
pues ella ya había construido una galaxia entera que llevaba su hermoso nombre.