miércoles, 10 de septiembre de 2014

No Quiero

No quiero ser de esa gente que ama el hecho de estar amando a una persona que realmente no ama. No quiero ser de esos que frustran el futuro de conocer un amor estable por estar empapado del pasado y remojado de recuerdos. No quiero ser de esos solitarios que se pasan la vida esperando algo que no les va a llegar porque eso ya se fue. No quiero anclarme a un puerto muerto de vida y carente de amor mutuo. No quiero pasarme la vida lamentando algo que no me acompañó el resto de lo que queda de ella, ni mucho menos deseo estar cada febrero, cada marzo y cada diciembre extrañando la presencia de alguien invisible,  inexistente, de alguien que ya murió, que se sepultó así mismo con cada acción, con su verbo y con mi dolor. No quiero tener la inalambrica idea de que él me puede acompañar a donde yo deseé, porque el amor que tengo  me lo lleve conmigo, pues es la peor manera de cavar mi propia tumba. Ni tampoco deseo soñar con un fantasioso regreso prometedor, el cual afirme mi seguridad y el ego tenga agasajos con la venganza. Ademas no quiero seguir imaginando esa conversación dramática que matice el dolor profundo de su ser y en el cual yo salga victoriosa de su querer. No quiero que me pasen las horas sentada frente a la puerta y mirando el reloj esperando que mágicamente aparezca y me diga perdón. No quiero que cada calle contenga su nombre y me impida vagar cada noche sintiendo la frescura de la soledad o de otras compañías. No quiero degustar el sabor de cada lagrima y dormirme llorando cada noche. No estoy dispuesta a seguirme perdiendo por no dejar ir su recuerdo. No, tampoco aspiro a ser de esos que conjugan amor con dolor y creer que vale la pena. No es mi objetivo protagonizar el cuadro tétrico de aquellos que parecen morir de amor. Y como veras tampoco espero seguir esperando que la vida se apiade de mi existencia, que algún día se sonría y mientras, siga pecando de mártir. No espero, no quiero, no deseo que nada de esto suceda o vuelva a suceder... 
Al amarse resulta útil amarse de valor y decisiones, de valentía y acciones,  para que sucedan cosas nuevas, permitan olvidar las penas y sentir la sangre que corre por las venas... Ya no quiero nada de eso, solo deseo estar sentada con la frescura del mar,  abrazarme con la vida y que el amor fortuito me seduzca y aquel viejo amor me de la despedida, sentir el equilibrio de mi fuero y las apaciguadas mareas de mi mente permitiéndome vivir el presente y hacer el amor con la mente del ser que me muestre el espíritu del amar sin tener que temer.